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DECLARACIÓN DE LA DIGNIDAD

JERRY MANDER

Un conocido documento ha creado un visible conjunto de normas para proteger y potenciar las cosmovisiones de los pueblos indígenas.

AFIRMANDO que los pueblos indígenas son iguales a todos los demás pueblos y reconociendo al mismo tiempo el derecho de todos los pueblos a ser diferentes, a considerarse a sí mismos diferentes y a ser respetados como tales

CONSCIENTE de la urgente necesidad de respetar y promover los derechos intrínsecos de los pueblos indígenas, que derivan de sus estructuras políticas, económicas y sociales y de sus culturas, de sus tradiciones espirituales, de su historia y de su filosofía, especialmente los derechos a sus tierras, territorios y recursos

 

“El derecho de todos los pueblos a la libre determinación, en virtud del cual éstos determinan libremente su condición política

 

Los pueblos indígenas tienen derecho a mantener y fortalecer su propia relación espiritual con las tierras, territorios, aguas, mares costeros y otros recursos que tradicionalmente han poseído u ocupado y utilizado

 

“Los Estados celebrarán consultas y cooperarán de buena fe con los pueblos indígenas interesados por conducto de sus propias instituciones representativas a fin de obtener su consentimiento libre e informado antes de aprobar cualquier proyecto que afecte a sus tierras o territorios y otros recursos…

- Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas -

 
EL 13 DE SEPTIEMBRE DE 2007, después de veinticinco años de negociación, y muy a pesar de la fuerte oposición de algunos de los países más poderosos del mundo, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó por abrumadora mayoría la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas. Lamentablemente, ni el feroz debate sobre la Declaración, ni su paso, fue reseñado en la prensa de EE.UU. o del Reino Unido, un alarmante signo de la continuación de la invisibilidad de las causas indígenas.

 

Sin embargo, se trata de un acontecimiento trascendental en la historia de los derechos humanos. La Declaración es un documento único y profundo, digno de un gran estudio y una gran discusión. Por primera vez consigna en un organismo internacional un conjunto de conceptos  y derechos inherentes a 350 millones de pueblos indígenas del mundo, por lo menos igual al anterior portaestandarte en estos asuntos: la Declaración Universal de las Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos, aprobada en 1948.

 

Dentro de los diecinueve puntos del preámbulo y los cincuenta y cuatro artículos que otorgan derechos específicos y reconocimientos, muchos son particulares a la difícil situación que los pueblos nativos han enfrentado durante el último milenio. Estos incluyen el reconocimiento oficial, por primera vez, del derecho de los pueblos indígenas que precedieron a los estados-nación en un territorio durante siglos, y que siguen ocupando ese lugar, para determinar la disposición de los recursos en esas tierras ancestrales. En algunos países estos se denominan “derechos anteriores" o “derechos aborígenes” y algunas naciones los ven como si desafiaran su autoridad y socavaran potencialmente la capacidad de un Estado-nación para desarrollar recursos donde y cuando lo estime conveniente. De hecho, tal puedo haber sido el caso.

 

Otro artículo que afirma el derecho  a la libre determinación de los pueblos indígenas, también es controvertido para los países que están a la caza de recursos. Les preocupa que los pueblos indígenas puedan ejercer su soberanía y tratar de separarse. De hecho, muchos pueblos indígenas ya no se consideran a sí mismos como subordinados de un Estado-nación.

 

Tal vez lo más importante en el actual contexto mundial es el derecho de “consentimiento libre e informado”. Durante siglos, las tierras indígenas han sido invadidas y explotadas sin el más mínimo esfuerzo por consultar u obtener la aprobación de aquellos que han vivido allí durante milenios. Hasta el día de hoy, las empresas y los países utilizan medios tan variados como la intervención militar, el “doble  juego” y, últimamente, las normas comerciales  de la Organización Mundial de Comercio, OMC, para separar a los pueblos indígenas del control sobre los recursos tradicionales.

 

La Declaración es también, sin duda, el primer gran acuerdo internacional para específicamente ratificar los derechos colectivos como los derechos de los pueblos, además de los derechos individuales. Por tanto, valida efectivamente el gobierno colectivo indígena y los conceptos de propiedad. También protege los lugares, objetos de arte, lenguas y artes religiosas y culturales, así como los derechos de culto y vivencia de forma tradicional, incluyendo la práctica de economías de subsistencia. En la Declaración se ha avanzado en la protección de los pueblos indígenas, más allá de cualquier cosa que le precediera y, sin duda, también ha ayudado a proteger a millones de millas cuadradas de tierras que de otra forma podrían ser arrasadas hoy por la obsesiva hambre de recursos que tienen las corporaciones que manejan la economía mundial .

 

Después de veinticinco años de reparos, la votación para ser aprobada en la Asamblea General de la ONU fue de 144 contra 4, y hubo 11 abstenciones. No sorprende que los 'No' correspondieran a EE.UU. y Australia, pero sí sorprende que también correspondieran a Canadá y Nueva Zelandia, usualmente  conocidos por sus posturas a favor de los derechos humanos. Lo cierto es que los cuatro desean que los pueblos indígenas no tengan derechos para limitar el desarrollo, especialmente la minería, en sus tierras. Rusia, el Reino Unido y China también lucharon contra la Declaración en diversas etapas, pero cedieron. Algunos países africanos ricos en minerales (Botswana, Namibia y otros) se opusieron a la Declaración por un tiempo, dada la magnitud de las empresas de diamantes, de coltán (un componente de los teléfonos móviles) y de otras actividades mineras en tierras indígenas y dentro de sus fronteras. Los países africanos fueron presionados agresivamente y amenazados económicamente, especialmente por Canadá, para mantener su oposición, pero finalmente casi todos votaron «Sí», sin nadie en contra.

 

LA APROBACIÓN DE LA Declaración es especialmente notable por el momento político en el cual se produjo. La situación de los pueblos nativos realmente no se puede separar de la crisis ecológica de todo el planeta (intenso cambio climático  y destrucción global de recursos decisivos), que resultado directo del manejo de la economía mundial hacia la expansión, el desarrollo y la promoción del consumismo globalizado. La moderna globalización económica impulsada por las corporaciones, depende totalmente de satisfacer una voraz y continua tasa de crecimiento económico. En la economía actual las tasas de crecimiento determinan los beneficios, el valor de las acciones, la capacidad de atraer inversiones y los salarios de director ejecutivo. El crecimiento económico es lo que impulsa todo el modelo. Es su razón de ser.

 

Para lograr un rápido crecimiento se requiere cada vez un mayor uso de los recursos naturales, especialmente del petróleo y el gas, el agua dulce, los productos forestales, el pescado, los suelos arables y los principales minerales incluyendo zinc, cobre, coltán, oro y fósforo. Durante la última mitad del Siglo XX, cuando el planeta continuaba siendo rico en recursos naturales, todos estos fueron desarrollados a terrible velocidad para estimular el espectacular crecimiento y la transformación de materiales de la Tierra en productos básicos. La hipótesis era que eso podría ser para siempre.

 

Por desgracia, gran parte de la expoliación de recursos se llevó a cabo en tierras indígenas, en general mediante fraude, fuerza o coacción. Y como resultado de este medio siglo de saqueo, todos esos recursos están ahora seriamente disminuidos. Como los suministros disminuyeron, se convirtieron cada vez en más difíciles y costosos de recuperar, afectando drásticamente los costos y trayendo el caos financiero mundial. Cuando vemos esto en combinación con el caos climático, de repente advertimos claramente los límites ecológicos inherentes al planeta. Ahora el crecimiento económico está en sí mismo amenazado, tal como lo están los cimientos de la globalización y la continua viabilidad de la sociedad industrial. Es un castillo de naipes. El problema fundamental es la absurda idea de diseñar un sistema basado en el crecimiento económico ilimitado en un planeta finito. Estaba condenado desde el momento en que inició.

 

Pero los pueblos indígenas tienen un problema especial. Un alto porcentaje de los recursos remanentes del planeta (algunos dicen que es un 50%) se encuentran en tierras que los nativos han hecho prósperas durante milenios. Entonces esas tierras – de por sí ya sometidas por 500 años - ahora son aún más objetivo de las empresas mundiales.

 

Victoria Tauli-Corpuz, la dinámica activista igorrote de las Filipinas quien también es jefe del Foro Permanente de Naciones Unidas en el tema de Asuntos Indígenas, señala que es irónico que la razón por la cual los pueblos nativos se han convertido en tales objetivos es, precisamente, porque han sido demasiado exitosos a lo largo de milenios en el mantenimiento de las culturas, las economías, las cosmovisiones y las prácticas espirituales que no se basan en las ideas abstractas del crecimiento económico o la búsqueda de beneficios a corto plazo.

 

La mayoría de las sociedades indígenas no buscan minar el mundo natural en el que viven, o transportar montañas de troncos, cobre o petróleo a través de océanos hasta los mercados extranjeros. Entonces, en un mundo de serio declive de recursos, muchos pueblos indígenas siguen viviendo con éxito en áreas de importante abundancia natural (en la Amazonía, el Pacífico y en países de Asia meridional, en el Ártico del Norte y en América del Norte) y es gracias a ellos. En lugar de seguir los modelos de desarrollo occidentales, los pueblos nativos han tendido hacia esos valores primarios compartidos: la reciprocidad con la naturaleza, las economías de límites y equilibrio, la importancia central de la comunidad y la propiedad colectiva, y la integración dentro de un sentido de afinidad con la Naturaleza.

 

Estos valores se oponen a los de la sociedad dominante, aunque este sería un gran momento para que el sistema hiciera ajustes. Pero en vez de reconocer los actuales paradigmas económicos, como que conlleva un fracaso catastrófico, las presiones para explotar hasta los últimos recursos del mundo han continuado, dejando a los pueblos indígenas en la línea de fuego. Frente a esta realidad, ellos han resistido.

 

EL CADA VEZ MAS CRECIENTE esfuerzo unificado entre los pueblos indígenas desde hace más de dos décadas para aprobar la Declaración de la ONU es sólo una expresión de resistencia indígena durante los últimos cincuenta años.

 

También se han organizado regionalmente en la lucha contra represas, avances petroleros, operaciones mineras, conversiones a la agricultura industrial, operaciones forestales y, últimamente, biocarburantes. Esto incluye las batallas de los Igorrote contra las presas gigantes en Filipinas, el cese de la explotación del petróleo en el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico, encabezado por el pueblo Gwich'in de Alaska; las campañas de los pueblos indígenas de Ecuador y Nigeria en contra de la perforación petrolera de Chevron, y el revés de la expulsión de los San de sus tierras ancestrales en el desierto de Kalahari en Botswana, donde se habían opuesto a la extracción de diamantes.

 

El aumento de la resistencia indígena también se ha demostrado políticamente, sobre todo en América del Sur. Los pueblos indígenas han desempeñado un papel decisivo en la sorprendente conversión de casi todo un continente lejos de la globalización corporativa, haciendo transiciones económicas más orientadas regional y localmente. Los indígenas constituyen un alto porcentaje de la población en muchos países de América del Sur y han jugado un papel importante en la elección de nuevos líderes en Brasil, Ecuador, Uruguay, Venezuela, Perú, Brasil, Argentina y más notoriamente, Bolivia, donde un agricultor indígena, Evo Morales, se ha convertido en presidente y está introduciendo valores indígenas tradicionales en el proceso de gobierno.

 

En estos casos y otros, los pueblos indígenas han luchado por los derechos de soberanía, autonomía, propiedad colectiva y normas que caracterizan sus sociedades en esos lugares, mucho antes de que existiera el desarrollo del petróleo, el coltán y los biocarburantes. En algunos casos, su batalla ha sido para proteger la lengua, las prácticas culturales y religiosas, o la ciencia y el conocimiento tradicionales, especialmente contra los grandes intereses farmacéuticos y agrícolas. Pero la demanda central ha sido generalmente incluida en todos los debates y decisiones sobre sus tierras ancestrales y el derecho final para determinar cuándo (de ser el caso) son permitidas la sustracción de recursos u otras intrusiones y en qué condiciones. Tal es el “derecho de consentimiento libre e  informado” inscrito por lo menos en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas.

 

 ALGUNAS PERSONAS LAMENTAN que la Declaración no tenga mecanismos de aplicación. Se trata de una declaración de principios y normas, al igual que la Declaración Universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Los países pueden hacer caso omiso de ella. Ningún  ejército los hará cumplirla y no se aplicarán sanciones. Es la verdad. Pero es pertinente preguntar: si la declaración no tiene importancia, entonces ¿por qué algunos de los países más poderosos del mundo luchan contra ella obstinadamente desde hace veinticinco años?

 

De hecho, declaraciones morales como ésta tienen efecto, y el mejor ejemplo de ello es la Declaración de los Derechos Humanos. Cuando los países hacen caso omiso de las normas de derechos humanos, a menudo se convierten en objeto de escarnio y, a veces, de ocasionales sanciones. Del mismo modo, la aprobación de la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas crea un visible conjunto de normas que la comunidad mundial afirma deben cumplirse. Se trata de un gran organismo mundial abrazando la causa, y esto es significativo.

 

En cuanto al resto de nosotros, de aquí en adelante nuestro trabajo ha de ser apoyar los esfuerzos para “actualizar”, aplicar y concretar las expresiones específicas de la Declaración en todas las negociaciones internacionales que tienen incidencia en las comunidades indígenas, si los debates se centran en los recursos, el comercio o el clima.

 

Un caso reciente se refiere a las negociaciones sobre cambio climático en la misma Organización de las Naciones Unidas  (se llama REDD: Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación), el cual plantea ideas como la creación de “mercados de compensación de bosques” por parte de los contaminadores del Norte, ¡utilizando bosques en tierras indígenas! Normalmente, los pueblos indígenas (que les pueden gustar o no dichos modelos climáticos basados en el mercado) no son incluidos en la mesa. Pero ahora están exigiendo enérgicamente su inclusión, usando los principios de la Declaración de la Declaración de Naciones Unidas como herramienta. Finalmente, el objetivo debe ser tener la Declaración reconocida oficialmente y codificada internamente por los distintos países y por los gobiernos regionales y locales, justamente como lo ha sido el documento de derechos humanos. Y todos debemos ser capaces de hallar la forma de apoyarlo.

 

  • Jerry Mander es co-autor (con Victoria Tauli-Corpuz) de Paradigm Wars: Indigenous Peoples’ Resistance to Globalization (Sierra Club Books)  y fundador del Foro Internacional sobre Globalización. www.ifg.org

 

DESTACADOS:

 

En lugar de seguir los modelos de desarrollo occidentales, los pueblos nativos han tendido hacia esos valores primarios compartidos tales como la reciprocidad con la naturaleza, las economías de límites y equilibrio, la importancia central de la comunidad y la propiedad colectiva, y la integración dentro de un sentido de afinidad con la Naturaleza.

 
Muchos pueblos indígenas ya no se consideran a sí mismos como subordinados de un Estado-nación.

 

La mayoría de las sociedades indígenas no buscan minar el mundo natural en el que viven, o transportar montañas de troncos, cobre o petróleo a través de océanos hasta los mercados extranjeros
 
 

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