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Darrell Posey (quien nació el 14 de marzo de 1947, y murió prematuramente de cáncer el 6 de marzo de 2001) fue uno de los primeros antropólogos activistas en trabajar en el campo de la diversidad biocultural. Su investigación con los Kayapó de Brasil - quienes armonizan a la perfección lo práctico y espiritual -le enseñó las numerosas interconexiones que existen entre el bienestar humano y el medio ambiente natural. Posey fue el primero en demostrar los vínculos directos entre la creación de la biodiversidad y los conocimientos indígenas. Su pasión académica por reconocer el conocimiento indígena jamás estuvo lejos de su preocupación por el medio ambiente; ambas le condujeron a establecer, en 1988, la Sociedad Internacional de Etnobiología. En 1992 Posey desempeñó un papel clave en la Cumbre de la Tierra en Río y en la elaboración de la Convención sobre Diversidad Biológica. Fue un poderoso visionario y una carismática figura que inspiró a cientos de estudiantes, investigadores y activistas. Los Kayapó le ayudaron a comprender que el respeto por la diversidad biológica implica el respeto por la diversidad humana, y que las prácticas agroecológicas indígenas ofrecen la mejor forma, a largo plazo, de cuidar la región amazónica. Este es el mensaje que él anhelaba compartir, junto con su gran sentido del humor y el apetito por la vida que, sin duda, había seducido a los Kayapó tanto como le ocurrió a cualquiera que le conoció. - Laura Rival. A continuación se presenta un breve artículo de Darrell Posey, sobre la dimensión espiritual de la diversidad biocultural. LA BIODIVERSIDAD NO ES no es un objeto para ser conservado. Es una parte integral de la existencia humana y su utilización es parte de la celebración de la vida. Los seres humanos son parte integrante de la biodiversidad, no simples observadores y usuarios de los componentes de la diversidad biológica. Debemos destacar la importancia central de los valores culturales y espirituales considerando la preservación de la vida. Pese a que las prácticas de manejo y conservación son bastante pragmáticas, los pueblos indígenas y las comunidades tradicionales generalmente ven su conocimiento como algo que emana de una base espiritual. Toda la creación es sagrada. La espiritualidad es la forma más elevada de la conciencia y la conciencia espiritual es la forma más alta de sabiduría. En este sentido, una dimensión del conocimiento tradicional no es el conocimiento local, pero sí el conocimiento de lo universal tal como se expresa en el local. El conocimiento del medio ambiente depende no sólo de la relación entre el hombre y la naturaleza, sino también entre el mundo visible y el mundo invisible de los espíritus. Una característica distintiva de la religión africana tradicional es que es una forma de vida. Ello, porque su raíz es la búsqueda de la armonía entre seres humanos, mundo de los espíritus, naturaleza y sociedad. Lo que se ve forma parte de la realidad tanto como lo hace aquello que no se ve; lo espiritual forma parte de la realidad tanto como lo forma lo material. De hecho, existe una relación complementaria entre los dos, siendo lo espiritual más poderoso que lo material. La comunidad es tanto de los muertos como de aquello que tiene vida. Y en la naturaleza, detrás de los objetos visibles yacen las esencias o facultades que constituyen la verdadera naturaleza de esos objetos. Los pueblos indígenas y las comunidades tradicionales, quienes aún constituyen la mayor parte de la diversidad cultural del mundo, con frecuencia se ven a sí mismos como guardianes y administradores de la Naturaleza. La armonía y el equilibrio entre los componentes del cosmos son conceptos centrales en la mayoría de las cosmologías. La agricultura, por ejemplo, puede proporcionar equilibrio a la prosperidad a través de relaciones, no sólo entre las personas, sino también con la naturaleza y las deidades. Los vínculos directos con la tierra son fundamentales y la obligación de mantener estas conexiones estructura el núcleo de la identidad del individuo y el grupo. La ciencia occidental puede haber inventado las expresiones “naturaleza”, “biodiversidad” y “sostenibilidad” pero, desde luego, no iniciaron los conceptos. Los indígenas y las comunidades tradicionales y locales han utilizado sosteniblemente y conservado una gran diversidad de plantas, animales y ecosistemas desde el surgimiento del Homo sapiens. Por otra parte, y durante milenios, los seres humanos han moldeado su medio ambiente a través de actividades conscientes e inconscientes, a tal punto que es imposible separar la Naturaleza de la cultura. Algunos paisajes culturales “descubiertos” recientemente incluyen los pertenecientes a pueblos aborígenes que, 100 mil años antes de que se acuñara el término “desarrollo sostenible”, ya comercializaban semillas, clasificaban tubérculos y propagaban especies de plantas intervenidas y no intervenidas. Un ejemplo de paisaje hecho por el ser humanos es la “isla boscosa” (apete en lengua Kayapó) creada en las sabanas de los Kayapó del Brasil. Los indios emplean el conocimiento minucioso sobre la fertilidad del suelo, el micro-clima y las variedades vegetales para, hábilmente, plantar y transplantar especies útiles no domesticadas en concentraciones boscosas de plantas útiles. Históricamente, estas apete han sido consideradas “naturales” por botánicos y ecologistas. Los esfuerzos internacionales por reconocer los indígenas y las comunidades tradicionales y locales son bienvenidos y positivos, pero se enfrentan a las grandes economías y a las fuerzas del mercado que impulsan la globalización del comercio. Se le atribuye valor a la información y los recursos sólo cuando entran en los mercados y los precios no reflejan los actuales costos ambientales y sociales de los productos. Esto significa que los actuales valores no monetarios reconocidos por las comunidades locales son ignorados, pese a que el conocimiento sobre la biodiversidad local proporciona los elementos esenciales para la supervivencia. Ello también significa que al conocimiento y manejo de recursos de indígenas y comunidades tradicionales no se les atribuye valor alguno y se les supone de libre adquisición. Las corporaciones y los Estados aún defienden el vacuo concepto moral de ‘terra nullius intelectual' (tierra vacía), porque eso les facilita la “biopiratería” de las variedades folclóricas locales de cultivos, de las medicinas tradicionales y de las especies útiles. La crisis mundial del medio ambiente no puede ser resuelta por la manipulación tecnológica o por medidas políticas superficiales. El líder indio norteamericano, Black Elk, lo plantea de esta manera: “Es la historia de toda la vida que es santa y buena para contar, y de nosotros los dos-piernas compartiéndola con los de cuatro-piernas y las alas del aire y todas las cosas verdes; para ellos que son hijos de una madre y su padre es un espíritu”. Para la sociedad industrializada invertir el devastador ciclo impuesto sobre el planeta, implicará inventar una 'ecología' lo suficientemente poderosa como para contrarrestar la deforestación, la erosión del suelo, la extinción de las especies y la contaminación. Es decir, "prácticas sostenibles" que puedan armonizar con el crecimiento del comercio y el aumento del consumo y, desde luego, una “ética ambiental global” que no sea subvertida por las instituciones económicamente poderosas. Esto puede ser una tarea imposible, pero existen algunos caminos viables. Uno de ellos es escuchar a los indígenas y dirigentes tradicionales que se han convertido en líderes firmes de los movimientos de medio ambiente y derechos humanos. Otro camino es reaprender el conocimiento ecológico y los principios sostenibles que ha perdido nuestra sociedad. Como afirma Bepkororoti Paiakan, un jefe kayapó de Brasil: “Estamos tratando de salvar el conocimiento de que el bosque y este planeta están vivos, para devolvérselo a usted que ha perdido el entendimiento.” El aprendizaje puede darse al escuchar a los pueblos del planeta que aún saben cuándo anidan las aves, cuándo los peces migran, cuándo las hormigas se agrupan, cuándo los suelos erosionan y cuándo germinan las plantas raras, y cuya cosmovisión manifiesta la ecología y la ética de la sostenibilidad. Pero escuchar no es suficiente: tenemos que defender sus derechos fundamentales sobre la tierra, territorio, conocimientos y recursos tradicionales. Y tenemos que descubrir cómo las medidas económicas y utilitaristas pueden ser contrarrestadas en nuestras propias sociedades redescubriendo la “red de la vida”, a través de los valores culturales y espirituales de nuestras propias tradiciones. Darrell Posey editó el libro “Valores culturales y espirituales de la Biodiversidad”. CITAR: “La comunidad es tanto de los muertos como de aquello que tiene vida.” “La crisis mundial del medio ambiente no puede ser resuelta por la manipulación tecnológica o por medidas políticas superficiales”. |